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Soy escritora, profesora, loca del maquillaje, con muchos sueños por cumplir, mucho nervio, una sonrisa perpetua y adoro hacer miles de cosas

jueves, 11 de julio de 2013

Adelanto de Crónicas Mágicas. Resquicios de una guerra

Hola Dimathian@s!!!

Hoy me levanté de un humor excelente, y como el otro día me hicieron un comentario preguntando por la segunda parte de Dimathian, pues he querido poneros un adelanto. No está hecha la revisión final del prólogo, pero al menos os haréis una idea de cómo empieza la segunda parte.

Además os adelanto que habrá lucha, que habrá más lios amorosos, que empezaréis a descubrir más cosas de los personajes, en especial de los principales, que son más importantes de lo que ellos piensan. Así que aquí va ese pequeño adelanto para abrir boca sobre la segunda parte.


Prólogo

            Unas horas más tarde, todo continuaba igual. Nada había cambiado en esas horas que habían parecido años para todos ellos. La estancia en la que Amira esperaba junto a Nadira estaba silenciosa. Nada se movía, como si cada centímetro de ese lugar estuviera acongojado como los huéspedes que en esos momentos estaban con el corazón en un puño.
Los jóvenes no eran capaces de creer lo que había pasado. El plan había salido completamente del revés, y a causa de eso, Dylan estaba capturado en las oscuras tierras de Oscorán.
            Nadira no había despertado todavía, no podía, no era capaz de volver a la consciencia. Su dolor era tal, que no tenía fuerzas ni para recobrar el conocimiento. Amira no la dejaba sola ni un momento, pero lo cierto era que estaba exhausta tras tantas horas de angustia.
Todo se había complicado y no encontraba forma alguna de poder solucionarlo. Lo peor para ellos era la impotencia que sentían al no saber que hacer para salvar a su amigo sabiendo que estaría sufriendo terribles agonías y torturas.
La maga blanca se estaba quedando adormilada por momentos, pero sabía que su amiga necesitaba sus ánimos y su compañía. No se había dado cuenta que Malcom la observaba con ojos de joven enamorado.
–Debéis descansar –Dijo Malcom dedicándole una amable sonrisa a Amira.
–No puedo dejarla sola, me necesita.
–Estáis muy cansada, y ella estará bien. Necesita reponerse, y vos necesitáis descansar –Malcom estaba preocupado por ella.
–¿Qué vamos a hacer? –Preguntó Amira.
–Christopher está en la sala de entrenamiento. Se ha encerrado allí y no para de entrenar con mucha furia. Está desquiciado.
–¡Pero tenéis que salvar a Dylan! –Amira perdió los nervios y su voz se elevó demasiado, tanto que casi despertó a Nadira.
Malcom veía la preocupación de su amada y eso le angustiaba mucho. Tenía que tratar de calmarla, pero a la vez sabía que tenía que pensar en algún plan para poder rescatar a su amigo. Además, él era un descendiente real y como tal tenía una serie de responsabilidades sobre todo con las personas que eran importantes para él. Pero lo complicado era pensar en algo que surtiera efecto. Todas las ideas que se le ocurrían eran demasiado simples y no podían salir bien. Así que tenía que pensar en algún plan que no pusiera en peligro a nadie más. Pensó en regresar para salvar a Dylan en plan suicida como había hecho con Amira, pero luego lo meditó mejor y no era recomendable. Era más que en el reino oscuro estuvieran esperando que hicieran algo semejante, así que tenía que pensar las cosas con la mente fría.
–Amira, calmate. Tenemos que pensar en cómo hacerlo. Ya nos infiltramos en el castillo para liberaros a vos, no creo que podamos hacerlo de nuevo hay que trazar un nuevo plan. 
–¿Entonces? –Ella quería solucionar la situación cuanto antes. 
–Vamos a hablar con mi abuelo. No quiero decírselo todavía a los reyes.
–¿Y eso por qué? –La joven estaba desconcertada. 
–Porque seguramente eso haga que se desate la guerra de inmediato, y se trata de que no haya guerra alguna –Explicó tratando de mantener la calma.

–Yo… No quiero que te pase nada. Ten mucho cuidado  –Los ojos de Amira se pusieron llorosos.
            Malcom la estrechó entre sus brazos con mucha dulzura, besando sus cabellos con amor.
Mientras, Amira disfrutaba de la protección que sentía entre los brazos de Malcom, una protección que hacía que todo lo que sucedía en aquellos momentos, se esfumase durante unos efímeros segundos.
            El joven sabía que debían actuar rápido. Cuanto más tiempo pasase, había menos posibilidades de salvar a su amigo con vida. Aunque también tenía un poco de miedo por lo que pudiera pasar, debía mantener la mente fría, en aquellos momentos lo peor que podía hacer era dejarse llevar por los sentimientos. Un buen estratega pensaba las cosas de forma objetiva y con calma, y eso sería lo que haría. Era cierto que, el temor estaba empezando a poder con él, ya que aunque quería ser un buen estratega y quería salvar a su amigo, nunca había hecho cosas similares y el miedo al fracaso en esa situación estaba intentando adueñarse de él. Así que respiró hondo, se quitó aquellos pensamientos de la mente y asumió el control sobre sus sentimientos.
–Voy a por Christopher, tenemos que pensar en algo ya –Él estaba completamente decidido.
–Lo que tengo que hacer es entregarme para que suelte a Dylan –Contestó Amira apartándose de él.
–¿Qué decís?
–Es lo que quiere Oziel, y yo no quiero que Nadira siga así por no poder estar con Dylan.
–Os hará más daño que la otra vez –La voz de Malcom sonaba con preocupación–. Estuve a punto de perderos. No consentiré que ocurra lo mismo otra vez.

                                                          ****

            Cuando Oziel descubrió a Dylan, no pudo evitar sonreír. Pues sin proponérselo, le habían puesto en bandeja de plata la forma de tener de nuevo en sus dominios a la maga blanca. Era lo que había estado planeando durante mucho tiempo, y lo conseguiría de la manera más sencilla.
            Sabía que con los sentimientos y el amor que se proferían los magos blancos, no dudarían ni un momento en tratar de salvar a Dylan. Seguramente la propia maga blanca se entregaría para no ver sufrir a su amigo. Era el mayor punto débil que tenían aquellos magos blancos. Tanta bondad y amor sólo hacía que se implicasen emocionalmente, y eso era un gran punto a favor de Oziel.
            Encerraron a Dylan en una sala, fría y lúgubre, llena de elementos de tortura y una mesa. Allí se respiraba maldad en estado puro. Theron se quedó con él. Le sonreía de forma burlona mientras Dylan no le miraba a los ojos, el joven intentaba pensar en algún plan para poder escapar de allí, pero estando maniatado era muy complicado. Tenía que mantenerse fuerte, no podía mostrar debilidad delante de aquel mago con expresión de pocos amigos. Sabía que había algo en él que no le gustaba, su instinto le decía que no le esperaba nada bueno en aquellos momentos.

–Por fin tengo un mago blanco al que torturar –La expresión de Theron era de alegría.
–Creía que estabas con los buenos por lo que había contado Vasilios –Respondió Dylan sin amilanarse.
–Le engañé, de esa forma podía estar cerca sin que sospechara nada para poder traerme al descendiente. ¡Pero tuvisteis que estropearlo todo! –Su enfado era evidente.
–Yo sólo hice lo que debía.
–Pues entonces lo pagarás caro.
            Empezó a torturarle con cuchillas y conjuros, mientras Dylan soportaba como podía todo el sufrimiento y dolor que le estaban provocando. Pero le resultaba imposible no gritar, lo que hacía que Theron se regodeara y aumentara el tormento.  Con cada quejido, las torturas aumentaban considerablemente y seguirían así horas y horas, Pues aunque podía usar la magia para torturarlo, los castigos físicos eran más estimulantes y gratificante para él, ya que podía ver cómo el cuerpo del joven se retorcía de dolor ante cada golpe.
Aunque era cierto que debía tener cuidado, si sus castigos no tenían mesura podría matarlo antes de tiempo. En realidad era un fastidio no poder acabar con ese mago tan irritante y bondadoso, pero, torturarlo estaba siendo de lo más estimulante para él.

                                                                  ****

            Las horas pasaron, y casi sin darse cuenta, Dylan ya llevaba secuestrado por Oziel un día.
Amira se había quedado a dormir con Nadira, no quería dejarla sola ni un sólo segundo, y Malcom había tratado de hablar con Christopher, pues tenían que pensar en los posibles planes para rescatar a Dylan. Pero sabía que entre el joven mago y él la relación no era buena en absoluto, lo que dificultaba tremendamente ponerse de acuerdo en algún plan para rescatar a su amigo en común.
            Nadira despertó sobresaltada y parpadeando varias veces con rapidez para despejarse. Se encontró a Amira durmiendo a su lado. Con su mano dio un ligero toque en el hombro de su amiga para así despertarla con cuidado. La verdad era que estaba muy relajada mientras dormía. Le parecía injusto romper aquella tranquilidad pero se moría de ganas por saber qué era lo que había sucedido todo el tiempo que ella había estado inconsciente.
–¿Eh? ¿Quién es? –Amira todavía estaba adormilada.
–¿Qué ha pasado? 
–¡Estás despierta! –Se incorporó rápidamente con gran alegría al ver despierta a su amiga y la abrazó. 
–¿Y Dylan? –Preguntó Nadira sin librarse del abrazo.
La expresión alegre de Amira por ver despierta a su amiga se desvaneció de repente. ¿Cómo le diría que su compañero seguía desaparecido y que era muy probable que le estuvieran haciendo daño? ¿Tenía que decirle que cada vez faltaba menos tiempo para que acabasen con su vida si ella no se entregaba?

Era difícil sobre todo por lo importante que era Nadira para ella. aquellas cosas no eran las que se quieren decir las amigas. Amira estaba dudando, mordiéndose el labio mientras pensaba cómo empezar a hablar sobre el asunto de Dylan. Pero no podía aparcar el tema, sabía que su amiga necesitaba respuestas, y sabía exactamente cómo se sentiría si perdía a su amor.
Tras unos largos segundos en los que su amiga empezó a desesperarse por su silencio, decidió tomar aire y  tratar de hablar con calma para no alterar más a Nadira.
–Todavía no sabemos nada. Christopher y Malcom están preparándose para ir a buscarle –Explicó Amira con toda la calma que le fue posible en aquellos instantes.
–Estará sufriendo… –Dijo rompiendo a llorar.
–Tranquila… –Amira la abrazó con más fuerza–. Yo le dije a Malcom que prefería entregarme para que soltaran a Dylan, pero se ha negado cuando se lo he propuesto.
–¡Claro que se ha negado! ¿Cómo vas a entregarte? ¡Eso sólo empeoraría las cosas! –Gritó Nadira enfurecida.
–Pero no quiero que le pase nada a Dylan.
–Le salvaremos de otra forma. Pero si te entregas, Dimathian estará perdido y se sumirá en la eterna oscuridad –Su amiga estaba muy preocupada.
            Amira trató de replicar, pero la mirada severa de su Nadira, hizo que de sus labios no saliese ningún sonido.
Ambas se quedaron sentadas en la cama hablando, querían distraerse para evitar angustiarse más de lo que ya estaban, pero era una tarea tremendamente complicada en aquellos instantes.
            La situación no era nada fácil. Dylan era como un hermano para Amira, además ella se sentía culpable por aquella situación y nada de lo que le dijeran haría cambiar su opinión al respecto.  Así que estaba convencida de que tendrían que acceder a la petición de Oziel.
            En cuanto a Nadira, ella intentaba controlarse todo lo que podía. En realidad, pensaba ir a rescatar a Dylan, pero sabía que en el fondo era una mala idea. ¿Qué podría hacer ella contra el gran mago oscuro Oziel?
            Las dos muchachas se daban palabras de consuelo mutuamente. Palabras que no servían para nada, como si cayesen en un saco roto, pues no había palabras que pudieran aliviar su angustia en momentos como aquellos.

                                                      ***

            Christopher no había parado de entrenar, necesitaba desahogarse, pues su amigo estaba en peligro de muerte. Le carcomía no saber lo que hacer para poder ayudar a Dylan, pero no tenía la mente lo suficientemente despejada como para pensar en un plan efectivo.
            Malcom le interrumpió entrando en la sala de entrenamiento. Cuanto antes trazaran un plan, más posibilidades tenían de rescatar a Dylan. A pesar de la mala relación que tenían, debían unir sus fuerzas para poder rescatar a su amigo. Aunque sabía de sobra que no sería fácil a causa de la mala relación que se había fraguado entre ellos desde el principio por el interés que ambos tenían en la hermosa maga blanca.

            Malcom se puso a su lado, mientras el mago mostraba sus grandes dotes en el arte de la guerra. Debía reconocer que Christopher, era muy bueno en aquel terreno, y aunque él se estaba entrenando, era muy consciente de que no estaría preparado al mismo nivel que Christopher.
            El joven dimathiano le observó con gesto serio y de superioridad. Desde su primer choque por Amira, siempre le observaba de la misma forma, lo cual sacaba de sus casillas a Malcom.
–Debemos pensar en lo que vamos a hacer para rescatarle. 
–¿Y qué haremos? –Preguntó Christopher con desesperación y al borde de un ataque de nervios.
–Sé que también es tu amigo, pero debemos mantener la cabeza fría. Es lo mejor para que el plan salga bien.
–No es sólo mi amigo, para mí es como mi hermano –Su nerviosismo aumentó notablemente.
            –Lo sé, pero debes calmarte –Le instó el joven.
–No me pidas que me calme, porque me pongo como quiero ¿Tienes algo pensado? –Christopher continuó hablando mientras se sentaba en el suelo.
–La verdad es que no. Lo único que sé, es que no creo que podamos hacer lo mismo que hicimos para rescatar a Amira, porque estarán esperandolo –Musitó Malcom–. Y encima, Amira pretendía entregarse para que le soltaran.
La sorpresa que se dibujó en la cara de Christopher era muy familiar para Malcom, ya que era la misma que había esbozado él cuando habló con la maga blanca. Por mucha rabia que sintiera dentro, no podía negar que en muchos aspectos eran muy parecidos. Debía ser sincero en el fondo, ya que comprendía perfectamente por qué Christopher sentía tales cosas por Amira, pues era inevitable sentir amor por aquella hermosa y joven tan especial. Aunque no era el momento de pensar en aquello, no había tiempo.
–¿Cómo? ¡Amira no puede hacer eso! –Christopher se enfureció.
–Eso es lo que le dije yo, pero ella piensa que es la única solución. Además le duele que Dylan esté sufriendo, y por eso es capaz de entregarse. Sobre todo porque se siente responsable de lo ocurrido.
–Pero si la Maga Blanca se entrega, todo estará perdido. Además, Oziel la matará.
–Lo sé,  y por eso le he quitado ese pensamiento de la mente cuando he hablado con ella –No pudo evitar recordar la conversación que tuvo con la joven.
            Los dos chicos se quedaron unos segundos en silencio. La situación era muy peligrosa, no podían llegar a Oscorán sin ninguna idea en mente. Pero pensar en usar la magia era demasiado arriesgado, pues sabían que Oziel lo detectaría sin problemas. Así que tenían que continuar trazando planes.
            A medida que las horas pasaban, se les acaban las opciones y también el tiempo. No podían continuar en el castillo sin hacer nada mientras estaban convencidos de que estarían torturando a Dylan en aquel horrible y lúgubre castillo.
            Estuvieron un rato pensando en qué hacer, qué plan trazar para poder rescatar a Dylan. Malcom sugirió hacer algo que no se esperasen los magos oscuros, pero ¿qué podría ser? Por más que intentaban pensar, todo lo que se les ocurría no era lo suficientemente elaborado como para que saliera bien. Hasta que Malcom pensó en algo:

–¿Diosa Lia? –Malcom habló con calma–. Te necesitamos, es de vida o muerte que hablemos contigo.
            El joven, cerró los ojos ante la extraña mirada de Christopher. Malcom sentía que algo se acercaba a él. Estaba sintiendo lo mismo que en otra ocasión, era la diosa Lia, podía percibir su aura.
            Una leve sonrisa se le escapó, pues la presencia de la Diosa era muy agradable y tranquilizadora, aquella sensación era muy dulce y reconfortante, era única. Lo mejor de todo era que le recordaba muchísimo a lo que sentía estando cerca de su preciosa y adorada dama, con lo que resultaba gratificante y algo maravilloso, una experiencia que hacía que en su interior sintiera un agradable cosquilleo.
            Esperó unos segundos, debía ser amable y recordar sus modales, sobre todo porque era descendiente de la realeza, pero lo más importante era ser cortés al tratar de hablar con la gran y bella Diosa Lía.
–¿Qué quieres? –Preguntó la Diosa.
Malcom abrió lentamente los ojos y allí estaba ella. Tan hermosa y grandiosa como siempre, esperando una respuesta con gesto amable en su rostro. Era tan parecida a su amada maga blanca, tan pura, tan hermosa. La belleza que irradiaba penetraba hasta el alma de una forma única. Pero Christopher le miraba extrañado porque él no podía verla.
Estuvieron explicándole la situación a la Diosa Lia, para ver si había alguna forma de salvar a Dylan sin arriesgar más vidas, pero ella ya lo sabía todo.
–Tú no puedes hacer nada –Contestó la Diosa con seriedad.
–¿Cómo que no? –Preguntó Malcom alarmado–. Seguro que algo podré hacer para rescatarle. Iremos Christopher y yo a buscarle.
–No podéis. Os descubrirán y os matarán. Ni Amira ni tú, os dais cuenta de lo valiosos que ambos sois.
–Diosa Lia, no quiero faltaros al respeto pero, no podemos dejar que maten a Dylan –Malcom hizo una reverencia con la cabeza.
–Lo sé, pero no seréis vosotros quienes salvéis a Dylan.
Malcom la observó con un gesto de extrañeza en el rostro. No era capaz de comprender quien tendría suficiente poder como para ser capaz de rescatar a Dylan y salir vivo de aquello. ¿Acaso había alguien tan poderoso como para salir sin un rasguño de aquellas tierras tenebrosas y oscuras?
El joven observaba y escuchaba con atención. No quería interrumpir a la Diosa ni enfadarla, pero la curiosidad se adueñó de él como si de un niño se tratase, siendo inevitable que hiciera aquella pregunta de tres palabras que estaba deseosa de salir por su boca. 
–Entonces ¿Quién le salvará? Porque no voy a dejar morir a mi amigo.
–La maga blanca es quien debe salvarle. Sólo ella puede librarle de la horrible muerte que le espera.
–¿Qué decís? –Preguntó boquiabierto.
–Es ella quien debe y puede salvarle.
–Si Oziel la descubre, todo estará perdido –Malcom mostraba su preocupación –. No dejaré que vuelva a acercarse a ella.
–Ella ya ha ido a salvarle.
Cuando Malcom escuchó aquellas palabras creyó que el mundo se le caería encima. No era posible que la hermosa Amira hubiese cometido semejante locura.


¿Qué os parece? espero que os guste

Un besote

2 comentarios:

Sofia dijo...

*________________________* YO YA QUIERO LEERLO, ME DEJÓ CON MUCHA INTRIGA EL LIBRO.

Laura Peñafiel Manzanares dijo...

Hola María.
Soy Laura, la administradora del blog "Un blog de época".
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Pásate a recogerlo cuando puedas.
El link para buscarlo es el siguiente:

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Un fuerte abrazo.